Estamos desconectadas

Oct 28, 2026

Nunca habíamos estado tan conectadas. Y, sin embargo, creo que estamos profundamente desconectadas.

Tenemos acceso a cientos de personas desde el teléfono, podemos saber qué están haciendo nuestras amigas sin hablar con ellas y resolver prácticamente todo lo que necesitamos sin interactuar con otra persona.

Es comodísimo.

Pero nos estamos perdiendo de una de las partes más valiosas de la vida: vincularnos.

Nos acostumbramos a no necesitar

La pandemia aceleró algo que ya estaba sucediendo.

De pronto, y en medio de una crisis, aprendimos que podíamos trabajar, comprar, hacer ejercicio, tomar clases, celebrar cumpleaños e incluso tener una cita sin salir de nuestra casa.

Y durante ese tiempo sin duda fue necesario.

Pero se acabó la pandemia y nos seguimos de largo.

Ahora pedimos el súper a domicilio, hacemos todos nuestros movimientos bancarios desde una aplicación, compramos por internet, trabajamos desde casa y mandamos un mensaje en lugar de hacer una llamada.

Incluso podemos mantener una amistad en una especie de piloto automático: veo tus historias, tú ves las mías, nos mandamos algún emoji de vez en cuando y sentimos que somos cercanas. ¡Pffff!

Estar conectadas no significa estar cerca

Podemos saber muchísimo de alguien sin realmente saber cómo está.

Sabemos que se fue de viaje, que cambió de trabajo, que fue a cenar a algún lugar, que sus hijos crecieron y hasta qué canción está escuchando.

Pero hace meses que no nos sentamos frente a esa persona.

No hemos escuchado su voz. No le hemos preguntado cómo está y esperado suficiente tiempo para escuchar la respuesta de verdad.

Las redes sociales nos permiten estar enteradas de la vida de las demás, pero estar enteradas no es lo mismo que estar vinculadas.

Porque un vínculo necesita presencia.

Necesita tiempo, conversación, atención, escucha. También necesita atravesar silencios incómodos, diferencias, malos entendidos y momentos en los que no sabemos exactamente qué decir.

Relacionarnos con otras personas puede ser maravilloso, pero no siempre es cómodo.

Y quizá justamente por eso es tan importante.

Nos estamos perdiendo de las pequeñas interacciones

No toda conexión humana tiene que ser profunda.

También están esas pequeñas interacciones que antes formaban parte natural de nuestros días y que poco a poco hemos ido eliminando.

Hablar con la persona de la tienda. Preguntar una dirección. Saludar a la vecina. Conversar unos minutos con alguien mientras esperamos. Vernos con una amiga para tomar un café y echar chisme.

Son momentos aparentemente insignificantes.

Pero nos sacan de nuestro pequeño mundo.

Nos recuerdan que vivimos rodeadas de otras personas, con historias, problemas, opiniones, rarezas y formas de ver la vida distintas a las nuestras.

Y creo que necesitamos eso.

No estamos hechas para hacerlo todo solas

También hay algo de nuestra época que me llama mucho la atención: hemos convertido la autosuficiencia en una virtud casi absoluta.

Poder sola. Resolver sola. No depender. No necesitar demasiado.

Y sí, hay algo muy valioso en saber sostenerte, disfrutar tu propia compañía y hacerte responsable de ti.

Pero una cosa es ser autónoma y otra muy distinta creer que no necesitas a nadie.

Hay experiencias que simplemente no existen sin otra persona.

No podemos practicar intimidad solas. Tampoco confianza, reciprocidad o vulnerabilidad.

Podemos conocernos muchísimo, pero hay partes de nosotras que solamente aparecen cuando nos relacionamos.

Los vínculos nos muestran cosas.

Nos confrontan. Nos enseñan. Nos frustran. Nos sostienen. Nos hacen practicar paciencia, empatía, comunicación, límites y amor.

A veces nos rompen el corazón.

Y otras veces nos recuerdan que no tenemos que cargar con todo solas.

Tal vez necesitamos volver a encontrarnos

No creo que tengamos que renunciar a las comodidades de la vida moderna ni empezar a hacer fila en el banco solamente para conversar con alguien.

Pero sí creo que vale la pena preguntarnos cuánto contacto humano real existe en nuestros días.

¿Cuándo fue la última vez que viste a esa amiga con la que hablas constantemente por WhatsApp? ¿Cuándo fue la última vez que conociste a alguien nuevo? ¿Cuánto tiempo pasas conversando con alguien sin mirar el teléfono? ¿Cuántas de tus relaciones existen principalmente a través de una pantalla?

Porque podemos tener cientos de contactos, seguidoras, grupos y conversaciones abiertas y aun así sentirnos profundamente solas.

Y por eso hacer comunidad se ha vuelto cada vez más importante dentro de mi trabajo.

Durante mucho tiempo pensé principalmente en lo que quería compartir o enseñar. Hoy también pienso en algo que me parece igual de valioso: crear espacios para encontrarnos.

Lo veo cuando convivimos en un taller online y alguien comparte algo que hace que otra persona piense: “A mí también me pasa”. Cuando después de varias semanas juntas en un curso dejamos de ser un grupo de desconocidas. Y, sobre todo, lo veo en los retiros, donde compartir varios días, comer juntas, conversar, reírnos, acompañarnos y vivir experiencias fuera de nuestra rutina crea vínculos que difícilmente podrían suceder de otra manera.

Y próximamente quiero llevar todavía más de estos encuentros al mundo presencial.

Porque cada vez estoy más convencida de que el crecimiento personal no sucede únicamente mirando hacia dentro.

También sucede cuando salimos de nosotras mismas y nos encontramos con otras.

En las conversaciones que tenemos. En las personas que conocemos. En lo que alguien más nos refleja. En atrevernos a mostrarnos y descubrir que no somos las únicas que sentimos lo que sentimos.

Y quizá sea momento de volver a recordarlo.

Yo ando en esas, ¿y tú?

Kalinda Kano